Sobre el imamato femenino

 

Sobre el imamato femenino

Personalmente, considero la simple pregunta sobre sí es lícito o no que una mujer dirija las oraciones ante hombres y mujeres como un insulto a todas las mujeres musulmanas.

  [Aunque ya he escrito sobre este tema, considero necesario volver a él, a causa de las críticas recibidas por la salat dirigida por Sa'diyya Shaikh, en el Cuarto Congreso Internacional de Feminismo Islámico].

 Personalmente, considero la simple pregunta sobre sí es lícito o no que una mujer dirija las oraciones ante hombres y mujeres como un insulto a todas las mujeres musulmanas. La propia pregunta es ofensiva, y el que tengamos siquiera que discutir algo tan evidente por si mismo delata hasta que punto la misoginia se ha apoderado de tantos musulmanes y de tantas musulmanas, velando la belleza del islam y cegando los corazones. Los musulmanes/as hace tiempo que nos hemos acostumbrado a este tipo de preguntas, y contestamos pacientemente con el Corán en el corazón, y el ejemplo del Profeta Muhámmad, paz y bendiciones, como guía:

1. El Corán atestigua la capacidad de la mujer para dirigir una comunidad, tanto política como espiritualmente, incluido el grado de la profecía.

2. Las condiciones requeridas para realizar el jutba son el conocimiento del Corán, de la Sunna y de las enseñanzas del islam, además de la condición interior de la persona (su imam o confianza en Dios y su taqua o conciencia de Dios). Ninguna de las cualidades requeridas tiene nada que ver con el sexo de la persona en cuestión.

3. No existe ni una aleya en el Corán ni un solo hadiz que prohíba a una mujer dirigir la oración ante hombres y mujeres o niegue su derecho a dar el jutba.

4. Existe un hadiz donde se demuestra que el profeta Muhámmad (saws) eligió a una mujer para dirigir las plegarias colectivas de su comunidad: “Está testimoniado sobre Umm Waraqah —la cual había aprendido el Corán de corazón— que el Profeta —la paz y las bendiciones de Al-lâh sean para él— le ordenó actuar como imam para la gente de su casa (ahlu Dariha), y ella tenía un muecín, y ella acostumbraba a hacer de imam para la gente de su casa.” En el cual la palabra Dar (cuyo primer significado es casa, pero tiene también un sentido amplio), tiene aquí el sentido de barrio o zona, pues de otro modo no se comprendería la necesidad de un muecín. Ibn Hayar menciona en su comentario a este hadiz que ‘Ahl dar’ se refiere a la gente del vecindario, y especifica en el hadiz que todos eran hombres.

5. Existen numerosos antecedentes de aceptación del imamato femenino, por parte de importantes alfaquíes (incluidos ibn Rushd e ibn al-’Arabi en al-Andalus, Abu Thawr, Abu Dawud, Tabari, ibn Hanbal e ibn Taymiyah).

Este último punto nos permite aclarar que no se trata de ninguna re-lectura. Cuando se habla de re-lectura se está dando por hecho que existe una determinada lectura previa establecida, y en cierto sentido se pretende que esta sea la canónica u ortodoxa, frente a la que hay que justificar la re-lectura. Pero eso es completamente falso, por varios motivos.

Primero: porque un principio básico del fiqh es que una cosa solo puede ser considerada haram o ilícita si se demuestra que lo es. Es decir: quienes deberían demostrar que el imamato femenino es haram son sus oponentes. Mientras no ofrezcan pruebas, basadas en el Corán y en la Sunna, en realidad no hay ninguna necesidad para demostrar que es algo lícito. Y como nadie (que yo sepa) ha aportado hasta ahora ninguna evidencia de la ilicitud del imamato femenino, en realidad no sería necesario aportar evidencias de su licitud. De hecho, basta leer las numerosas fatuas escritas en contra del imamato femenino para darse cuenta de que dichas evidencias son inexistentes. Solo con leer las fatuas contrarias, cualquier musulmán consciente (es decir, que reflexione por si mismo y no siga ciegamente una opinión ajena) llegará a la convicción de que el imamato femenino es perfectamente lícito.

A aquellos que niegan el imamato femenino afirmando que no hay ningún hadiz que de explícitamente este derecho (negando pues la validez del hadiz de Umma Waraqah), me gustaría hacerle dos preguntas: ¿Hay algún hadiz o parte del Corán que permita a las mujeres fregar escaleras? ¿Hay algún hadiz que afirme explícitamente que los negros o gitanos o europeos, etc., pueden dirigir la salat? De no haberlo, y siendo consecuentes con su argumentación, deberían concluir que a las mujeres les está prohibido fregar las escaleras, y que a los negros, gitanos o europeos les está prohibido dirigir las oraciones.

Segundo: porque numerosos pensadores musulmanes a lo largo de la historia han defendido la licitud de que una mujer dirija las oraciones ante hombres y mujeres. Entre los destacados alfaquíes que han defendido el imamato de la mujer, hay que citar a Abu Thawr (muerto 240 de la Hégira), de la escuela del Imam Shafi’i. También a Abu Dawud (muerto 270 H), fundador de la escuela Zahirí. Y al gran Tabari (muerto el 310 H), comentarista coránico y creador de una escuela de jurisprudencia desaparecida. ibn Rushd afirma en su Bidayat al-Muÿtahid que Abu Thawr e ibn Tabari son una excepción entre los ulemas, dado que “permiten a las mujeres dirigir a los hombres en las plegarias sin restricciones”. También el gran maestro sufí ibn al-‘Arabi sí defiende el imamato femenino de forma contundente:

“Algunos mantienen que el imamato de una mujer es absolutamente lícito, tanto ante hombres como ante mujeres, y yo comparto esta opinión. Otros sólo lo juzgan lícito ante mujeres, sin que haya hombres presentes. El Profeta afirmó la perfección de ciertas mujeres como lo hizo de la de ciertos hombres, aunque fuera mayor el número de estos últimos que la alcanzaron. Se puede considerar esta perfección como nubuwwa o como imamato. Consecuentemente, el imamato de una mujer es válido, y no se debe hacer caso a quien se oponga a ello sin pruebas”. (Al-Futuhât al-Makkiya, Tomo I, p. 447)

Lo que resulta sorprendente es saber que incluso entre los hanbalíes el imamato de la mujer ante los hombres es aceptable, por lo menos en determinados casos. Ibn Taymiyah (muerto 728 Hégira) escrito:

“Es permisible que una mujer instruida dirija en las oraciones de tarawih a hombres iletrados, según el reconocido aserto de Ahmed [ibn Hanbal] y en otras oraciones no obligatorias. Sobre esto existen dos hadices.” (Radd al-Maratibul-Ijma, pg. 290, ed. Dar ibn Hazm).

Ibn Taymiyah se refiere a las narraciones contenidas en el Musnad de ibn Hanbal donde se afirma que las mujeres pueden dirigir la salat de los hombres también en las oraciones nafl (no obligatorias). Hay que señalar que algunos estudiosos niegan que ibn Taymiyah escribiese esta obra. Sin embargo, también en la recopilación de sus fatwas se refiere a la permisividad de que la mujer dirija la oración, cuando ella es versada en el Qur’án y ellos ignorantes (Majoo al-Fatawa, Vol. 23, Pg. 248). Yusuf Qaradawi cita a az-Zarkashei:

“De acuerdo con Imam Ahmad [ibn Hanbal] y la mayoría de sus seguidores, es permisible que las mujeres dirijan a los hombres en las oraciones de tarawih.”

Siendo así, también podría decirse que los que se oponen al imamato femenino hacen una re-lectura frente a aquellos que lo han considerado lícito. Los que aceptamos el imamato femenino seguimos estrictamente la Sunna del Profeta Muhámmas (saws), y los que lo niegan lo hacen a partir de consideraciones totalmente ajenas al islam.

Quienes lo convierten en algo extraordinario y en motivo de fitna son aquellos que niegan, sin la menor base islámica, el derecho de la mujer a dirigir la oración ante hombres y mujeres. Y desde luego, resulta mucho más inspirador el escuchar una jutba de personas de conocimiento como Amina Wadud o Sa’adiyya Shaikh, que no de tantos y tantos imames oficiales, que carecen de las mínimas condiciones requeridas para dirigir la salat (iman, taqua, ilm…).

 

Las respuestas, como siempre, han sido diversas. Desde los que apelan a la “religión de los antepasados” , hasta aquellos que lo ven con normalidad. Pero, insisto, todavía nadie nos ha aportado una sola evidencia, extraída del Corán y/o de la Sunna del Mensajero de Al-lâh (saws), conforme a que esto sea algo ilícito.

En cuanto al argumento histórico: “mis padres no lo hacían” o “esto no se ha hecho nunca”, solo decir que no tiene nada que ver con el islam, sino con el apego a algo condenado drásticamente en el Corán: el seguimiento ciego de la religión de los antepasados. A ellos se les pueden aplicar los siguientes versículos coránicos:

Pero cuando se les dice:
“Seguid lo que Al-lâh ha revelado,”
algunos responden: “¡No!, seguiremos [sólo] lo que hemos hallado
que creían y hacían nuestros antepasados.”
¡Pero! ¿Aun si sus antepasados no usaban la razón
y carecían de toda guía?
Y así, la parábola de aquellos que se empeñan en negar la verdad
es la de una bestia que al oír el grito del pastor
no percibe sino el sonido de una voz y una llamada.
Son sordos, mudos y ciegos:
porque no usan su razón.

(Corán, al-Baqara 170-171)

Y la mayoría de ellos nunca usa su razón; pues cuando se les dice:
“Venid a lo que Al-lâh ha hecho descender, y al Enviado”
—responden: “Nos basta con lo que hemos hallado
que creían y hacían nuestros antepasados.”
¡Vaya! ¿Y si sus antepasados no sa_bían nada
y carecían de toda guía?

(Corán, Al-Ma’ida, 105)

Y así pues, no albergues dudas a cerca de lo que adoran esas gentes:
sólo adoran como adoraban antes sus antepasados;
y, ciertamente, les pagaremos cumplidamente la parte que les corresponda,
sin disminuirla en nada.

(Corán, Sura 11, 109)

 Webislam: Autor: Abdennur Prado – Fuente: Blog Abdennur Prado

 

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