Centenario de una ocupación (1911-2011) Libia

Centenario de una ocupación (1911-2011) Libia

Centenario de una ocupación (1911-2011)

En este mes de octubre, se cumple un siglo de la ocupación italiana a Libia. Una ocupación que duró más de treinta años, dejando tras de sí casi tres cuartos de millón de muertos y decenas de miles de deportados y desaparecidos.

La conferencia de Berlín de 1884, había organizado el reparto colonial de África, dejando lo que se consideraban las mejores zonas bajo el control de las potencias de primer orden. Italia, que no gozaba de ese estatus, había quedado al margen de la repartición colonial. La ocupación de Libia figuraba entre los planes europeos de conquistar el continente africano con el objeto de añadir nuevas conquistas a las ya conseguidas en el Nuevo Mundo, Australia, Nueva Guinea y Papúa. Respecto al mundo árabe, el plan era acabar con el Imperio Otomano, u “hombre enfermo de Europa” que dominaba el territorio de la península arábiga y el norte de África, y repartir sus colonias. Era un plan de eliminar “la estrella y la media luna” de la faz del mapa, y en particular del mundo árabe y musulmán.

Se libraban duras batallas verbales y largas negociaciones entre los países europeos sobre el reparto de territorios de las antiguas colonias otomanas, sin que llegaran a un enfrentamiento armado a la antigua usanza, como ocurrió en la batalla de Trafalgar. Se convencieron de que las guerras entre europeos no conducían a nada. Sin embargo, se apresuraron en ocupar las privilegiadas zonas del mundo árabe, quedando para Italia, muy a pesar suyo, una parte de poco interés que ocupar: Libia.

A finales del siglo XIX e inicios del XX, Italia ponía en marcha un plan para ocupar el territorio libio. Con ello, el gobierno italiano de la época pretendía colocar a su país entre las potencias colonizadoras occidentales, que acapararon las tierras del mundo: Francia, Inglaterra, Alemania, EE.UU. e incluso España. La diferencia se fundamentaba en que el colonialismo italiano era de asentamiento, pretendía perpetuarse en Libia, por lo que Libia fue considerada como la “cuarta costa de Italia” (o “Quarta sponda” en italiano), al haber sido en la antigüedad una provincia del antigua imperio de Roma.

Para llevar a cabo su misión, Italia comenzó a penetrarse en la vida social de los libios, enviando espías al territorio y comprando terrenos a los ciudadanos para luego vendérselos, a bajo precio, a los colonos italianos deportados, en su mayoría, desde las provincias pobres del sur de Italia (o del África Septentrional Italiana). A finales del siglo XIX se inauguraba en pleno centro de la ciudad de Trípoli el “Banco di Roma”, todo un emblema de la embrionaria presencia oficial italiana en Libia.

El día 3 de octubre 1911, Libia fue objeto de una invasión militar italiana en toda regla. En este mes de octubre, se cumple un centenario. Italia, con su campaña, buscaba una porción de la tarta de territorios repartidos entre las potencias occidentales a la hora de repartirse el mundo. El día 10 de octubre las fragatas italianas lanzaron sus bombas contra ciudades costeras libias, como: Trípoli, Bengasi, Tobruk, Derna, Zuara… lo que provocó una resistencia popular inesperada. Por lo que las tropas italianas lanzaron toda una cadena de operaciones contra la población, en forma de aniquilación, matanza, marginación, hambrunas, violación y privación de todos los valores de vida. Algo que contradecía íntegramente lo que las autoridades italianas anunciaban al mundo de que su impronta se fundamentaba en elevar a Libia a los niveles mundiales de civilización.

El pueblo libio, ante la barbarie militar italiana, no era dueño de su destino al no ser responsable directo de sus asuntos políticos y militares, ya que todo estaba en manos de los gobernantes de Turquía. Se encontró en una situación nada envidiable, sólo en la batalla y obligado a luchar contra la presencia de una potencia militar foránea. Y mientras luchaba contra el invasor italiano, nadie acudía en su asistencia por que el mundo estaba ocupado en la I Guerra Mundial (1914-1918), y los difíciles siguientes años en que los países contrincantes pagaban las secuelas de dicha guerra.

El 25 de octubre 1922, el Partido Fascista italiano llega al poder en Italia a mano de Benito Mussolini. Personaje cruel que ante la dura resistencia del pueblo libio, liderada por el Jeque Omar Mujtar, y la sucesiva muerte de miles de soldados italianos en multitud de batallas, (que aún resuenan en la memoria del pueblo libio que las conmemora anualmente), no tuvo remedio que utilizar una mano muy dura para aplacar esa resistencia. La justificación de Mussolini en aplacar como fuera dicha resistencia, era que Italia no podía quedar atrasada con respecto a las otras potencias. Para ello, envió gobernadores a la “colonia” libia a los más sanguinarios mandos militares, como Rudolfo Graziani, el cual no se inhibió en utilizar métodos auténticamente nazis para poner fin a la heroica resistencia de los libios: Campos de concentración, alambres de espino, gases venenosos… Era una guerra de genocidio global que jamás conocería su final si no fuera por el estallido de la II Guerra Mundial en 1939 y las negativas consecuencia de la misma sobre Italia.

Libia a comienzos de siglo, no era sino un territorio desértico con una población muy pobre. No había recursos naturales que atrajesen a los intereses italianos para ocupar dicho territorio. Libia dependía administrativamente de Turquía, potencia dominante del mundo árabe. Cuando comenzó la invasión italiana, el Imperio turco se encontraba agonizando. Incapaz de hacer frente a Italia, lo que facilitó la operación militar italiana. Aún así, Libia supuso para Italia un enorme desgaste en las arcas del Estado y en los hombres. Pues, ante la dura resistencia independentista de los libios, el Gobierno italiano no dudó en utilizar todo aquello que tuviera a mano: tropas de infantería, tanques de nueva generación, aviones (por primera vez en la historia de la aviación, Italia utilizó aviones ligeros para bombardear zonas habitadas en Libia), llegando a condenar a la ahorca al líder de dicha resistencia, Omar Mujtar, capturado en combate, quien fue ejecutado el 16 de septiembre 1931, ante su población, tras un juicio sumarísimo y sin garantía alguna de un juicio justo.

La importancia que poseía Libia de cara a Italia era tal, hasta el punto de que el propio rey Víctor Manuel III, se esforzaba personalmente en regir los asuntos administrativos relacionados con la ocupación de Trípoli. Quería estar al tanto del poderío militar de sus fuerzas armadas, terrestres y navales, concediendo atención incomparable a la agricultura, contando para ello con su esposa y con el Conde de Turín, además de varios condes y condesas que se repartieron las tierras más fértiles de la provincia de Trípoli, convirtiéndolas en fincas y granjas que aún son conocidas entre la población por los nombres de sus antiguos propietarios.

La experiencia colonial que ha adquirido Italia en Libia, fue tan nefasta para el pueblo libio, como para los italianos. El populismo y falso heroísmo de Mussolini y del Partido Fascista italiano, dieron unos infructuosos resultados y fracasados y desastrosos hazañas para Italia. Por eso, personajes como Mussolini, Hitler, Stalin, Gadafi…etc., de nefasto recuerdo, deberían ser borrados de la memoria de la historia. No creo en la idea de que la historia se repite. Creo que la indiferencia, e incluso el consentimiento de los pueblos, hacen que aparezcan esos personajes. Por eso, y tomando como punto de referencia lo que otros pueblos han sufrido y para que los hechos no se repitan, ha llegado el momento de saber indignarse y rebelarse contra toda política de imposición de hegemonía y dominio por medio de la fuerza y las armas. El mundo, en este nuestro siglo XXI, ha llegado a una madurez que no sería de razón volver a vivir épocas pasadas. La palabra último ha de emanar del ciudadano normal, ausentado desde épocas inmemoriales de la toma de decisión.

Por. Mohamad Guma Bilazi

 

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