Ola de inmolaciones en el magreb

Ola de inmolaciones en el magreb

Ola de inmolaciones en el Magreb

Jóvenes en paro se prenden fuego en Argelia, Egipto y Mauritania emulando a Bouazizi

Mohamed Bouazizi era un licenciado en informática tunecino de 26 años. No encontraba trabajo y abrió un puesto de verduras en Sidi Bouzid (a 260 kilómetros de la capital). No tenía permiso.

 El 17 de diciembre la policía le confiscó la mercancía y lo maltrató, sintió tanta, opresión, humillación y desesperación que se roció con gasolina y se prendió fuego delante la sede del gobernador. Otros jóvenes hicieron lo mismoEs la misma opresión,  humillación, impotencia y desesperación que la siente la mayoría de los tunecinos, la siente la mayoría de los magrebíes y la siente la mayoría de los árabes. 

En su funeral, se reunieron unas cinco mil personas. Cantaban:

  “Adiós, Mohamed, te vengaremos. Hoy lloramos por ti, haremos llorar a los que causaron tu muerte”. Y salieron a la calles

Ayer 17 de eneros,  otros cuatro jóvenes  árabes se rociaron  con gasolina y se prendieron  fuego delante la sede del Parlamento en Mauritania, Argelia y Egipto, en coincidencia con las primeras manifestaciones en Libia, Yemen y Jordania.

 El gesto de Bouazizi inició revueltas en Sidi Bouzid, que se extendieron a otras ciudades y el la barrera del miedo se rompió. Nunca más. 

 Los autócratas de los países árabes han gobernado y gobierna  durante décadas con la ayuda de Occidente,  no han caído nunca. Túnez marca un precedente. De hecho, Túnez había tenido solos dos presidentes. Desde la independencia en 1956 hasta 1987, gobernó Habib Burguiba. Desde 1987 hasta 2011, su ministro de interior, Ben Ali.

La revolución ha tenido sus características. Estos días se ha hablado de varias cosas. Estas son las más importantes.

 1. Ha sido una revuelta poco “causa árabe”. Los problemas de los tunecinos no son los habituales que salen en la prensa. No han salido a la calle por Palestina, ni por el apoyo americano a Israel ni para defender a movimientos islámicos. Como para Bouazizi, su problema principal es el paro, la opresión y la corrupción del gobierno y la familia del gobernante. En 1986 había 42 mil universitarios en Túnez; en 2009, 357 mil. No es fácil de asumir para una economía en crisis.

 2. No ha sido una revolución de twitter o wikileaks, pero mejor que existan. En Túnez ha habido una revuelta porque había problemas humanos graves sin solucionar. La frustración llevaba tiempo en aumento. Creció más desde que aparecieron cables en wikileaks de la embajda americana, donde salían con detalle los lujos de la familia del presidente. Un blog tunecino los publicó.

 Igual que de wikileaks para destapar corrupciones, se ha hablado de la importancia de twitter o facebook para evitar la censura del gobierno. Los jóvenes tunecinos se han enterado de noticias y han sabido dónde había concentraciones gracias a sus cuentas de facebook o twitter. Internet ha sido importante, pero no ha sido crucial.

Hay otros dos medios que han sido más importantes: el móvil y Al Jazeera. La penetración de internet en Túnez es del 33 por ciento de la población, la del móvil, de 85. Del mismo modo, la tele está por todas partes. La información en árabe de Al Jazeera -que igual que algunos sitios web estuvo censurada en Tunez- sirvió para que circulara la información.

 Además, Al Jazeera, propiedad del gobierno de Catar, no tiene la deferencia esperada con los políticos de la región. El gobierno no pudo con todo. Además, internet y la tele han llevado la revuelta tunecina más allá de sus fronteras.

 3. Más vale prevenir que curar. Estos días se ha hablado de que los vecinos de Túnez pongan sus barbas a remojar. Es más probable que sepan prevenir. No todos los países árabes son iguales ni tienen los mismos problemas.

 Los otros líderes de la región buscan soluciones para calmar a sus poblaciones y colocan además a sus fuerzas de seguridad en alerta.

 Libia, otro país magrebí, está siendo también escenario de algunas protestas en las ciudades de Darna y Bengasi, donde se estarían registrando incidentes y quemas de algunos comercios. Hay también focos de protestas en Trípoli, donde se han desplegado las fuerzas de seguridad. Las informaciones, que proceden de las redes sociales de Internet, las noticias  son escasas. Libia , bloqueó ayer YouTube.

 En Argelia hace años que hay protestas por los precios de los alimentos y hasta cuatro personas han se han  suicidado  para expresar rabia como hizo Bouazizi.

4. ¿Dónde están los islamistas tunecinos? Muertos, en la cárcel o en el exilio. El líder del principal partido islamista, Nahdha (Renacimiento), ha dicho que volverá pronto. Quiere estar en el gobierno. Pero no le van a esperar. En el nuevo gobierno habrá oposición, pero serán partidos reconocidos por el antiguo régimen. No hay margen para las sorpresas. El Nahdha fue formado en 1988, pero nunca fue reconocido porque la ley prohíbe los partidos basados en religión.

 5. ¿Qué quiere Estados Unidos? Estados Unidos no ha saltado al carro de la revuelta. Durante los disturbios, Hillary Clinton dijo que “no tomaban partido”. La semana pasada coincidió que la secretaria de Estado estaba de gira por Oriente Medio. Clinton dio una conferencia en la que animó a los países árabes a cambiar o “hundirse en la arena”.

A pesar del interés americano por la extensión de la democracia en Oriente Medio -más la administración Bush que la de Obama-, Estados Unidos siempre ha tenido la prioridad de la seguridad.

 Si hubiera elecciones libres, en muchos países árabes y del magreb  ganarían partidos islamistas. Estados Unidos prefiere en su lugar las autocracias que hay ahora.

 Egipto y Yemen por ejemplo reciben ayudas millonarias que pueden usar contra islamistas o contra su propia población en la represión de manifestaciones.

 Incluso en Túnez, que es un país que no representa intereses estratégicos ni el peligro del islamismo es abrumador, el gobierno deObama ha tenido una reacción de cautela.

Estados Unidos agradece a Ben Ali los servicios prestados con estabilidad y terrorismo. Francia, ex metrópoli de Túnez, más aún. Se arriesgan a perder el control paternal sobre el país.

 Así que el temor de las potencias occidentales no ayudará a la extensión de las revueltas en los países árabes. Si los ciudadanos las hacen, será a pesar de todo.

 Por.  Jordi Pérez Colomé

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